Buscándote


Te andaba buscando, porque no me acostumbraba a sentirte lejos, y menos al darme cuenta  que yo igual estaba lejos, que me había distraído, me había enfriado. Te andaba buscando sin pensar que vendrías a mi encuentro de tal manera. Una vez más volviste, una vez más me sorprendiste.

Te vi, no lo podía creer. TE VI. Estabas de viaje, y ya me había acostumbrado a pensarte, pero no a verte. ¿Que hacías aquí

Abrí mis ojos como cuando se ve algo hermoso por primera vez; con las cejas arriba, la boca abierta, los ojos brillosos y loca por saltar, pero tratando de guardar la calma, como si haciéndolo se notaría menos mi sorpresa.

Allí estabas. Sentado en el sofá blanco de la casa, con los oídos atentos, los ojos abiertos y llenos de ternura y paz. Sin preocupaciones, sin pensar en mañana ni en ayer, solo estabas ahí. Con tu respiración agitada, porque así respiras, pero nada que ver con estar ansioso. Estabas ahí, porque sabías que ahí te necesitaba. No dijiste nada, solo me miraste y me pasaste con tu mirada la ternura que faltaba para calentar mi corazón. Y yo, tampoco dije nada.

Me senté, levantando la mirada de vez en cuando para no perderte de vista. Tomé la cuchara, abrí la boca, mastiqué, y mis papilas degustaron cada sabor. Todos decían tu nombre, todos hablaban de ti, todos describían algo. Los fuertes, los suaves, los imperceptibles. Y luego vi cada color según se iban colocando en la cuchara. Y otra vez, todos hablaban de ti. Los verdes me hablaban de esperanza, esa que tienen los niños y que nunca deberíamos perder, y que tú, definitivamente, tienes de sobra.  Los rojos, de tu pasión. Nunca había conocido a alguien con tanta pasión. Los amarillos, de tu energía. Los púrpuras, de tu vitalidad. Los blancos, de la paz que te caracteriza.

Estaba obsesionada. Cerraba los ojos y allí estaba pensando en ti. Abría los ojos, y estabas ahí. ¿Cómo era posible? No lo podía creer. 

Abrí el libro, ese que para verdaderamente apreciarlo, debo prestarle atención a cada detalle: a las letras pequeñas, a las grandes, a los dibujos y a las páginas que están en blanco y negro. Llámenme loca, pero él es igual a ese libro.

Encendí la pc, y empecé a escribir. Escribí sin saber lo que estaba escribiendo, y cuando leí lo que acababa de escribir... adivinen, escribí sobre él.

Levanté la mirada y se había ido. Fue a dar un paseo.

Sonreí, luego se fueron colando algunos dientes en esa sonrisa, luego reí, simplemente reí. Y me di cuenta que era imposible dejar de pensarle. Claro que era imposible. Había dejado algo suyo en cada rincón de esto que ahora llamo casa.

Me levanté de la silla en la que estaba, caminé hacia la ventana, y al lado, en la mesita color marrón, que está al lado de la puerta del balcón, vi una caja roja con mi nombre. La abrí. Me había dejado un video, sabiendo que al verlo, entendería lo que quería decirme. Era una colección de momentos y lugares. Y presten atención a lo que, con su creatividad, plasmó en ellos:

  • Mi perro. Sentado en el sofá blanco de la casa, con sus orejitas bien abiertas, atento a todo lo que estaba a su alrededor. Con los ojos más tiernos y llenos de paz. Sin hacer nada, solo estaba allí. Respirando de forma agitada. Acompañándome, porque sabía que ahí lo necesitaba.
  • Un plato hermoso, lleno de comida que provenía de la tierra, con los colores más hermosos que haya visto.
  • Un libro
Luego apareció un fondo blanco, con unas letras en grande que decían:

"Ciertamente estoy de viaje, pero sé que mientras vuelvo, necesitas no solo pensarme, sino verme, porque así eres, muy visual. Entonces te dejé estos detalles para que viéndolos y sintiéndolos, me veas y me sientas a mí. Además de lo que ya te he mostrado en este video, te dejo el viento, el mar, la arena, los demás animales, el sol, la luna, el calor y el frío, las personas que te rodean, tanto las que amas y te aman, como las que son difíciles de amar y para quienes es difícil amarte. Te dejo un poco de mi pasión, mi paz, mi energía, mi esperanza y mi vitalidad, que te comiste en el rojo, blanco, amarillo, verde y púrpura de los alimentos que hice crecer para ti. Cada rincón de este planeta, lo he creado para que me veas y me sientas. Lo puedes llamar tu casa. Me fui a dar un paseo, con alguien que deseaba verme, tan desesperadamente como tú".
Con amor,
Dios.

"Porque en El fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; todo ha sido creado por medio de El y para El". -Colosenses 1:16

-Sheila Zarzuela


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