Gente


¿Alguna vez se han detenido a mirar la magia que ocurre cuando las personas simplemente son? 

Se han detenido a ver la danza de sus cuerpos al caminar, sus formas de reír, de pensar, las cosas que disfrutan, por las cosas que han pasado? Ahí estaba yo. En búsqueda de la belleza de lo simple, con los ojos abiertos y el corazón despierto, para ver dónde no veo y sentir cuando no lo espero.

Arena, olas, día, noche, música, animales, gente. Una copa de vino, mis ojos abiertos y gente, mucha gente. 

Y fue entonces cuando vi la magia. La vi mientras los observaba al bailar y hablar, al comer y beber, al reír a carcajadas, al cansarse, al mirarme, al ayudarme, al querer conocerme y hacerme reír a mí a carcajadas. Vi la magia. Esa que te hace sonreír sin saber bien por qué. 

Entonces, me di cuenta, que esa gente, es mi gente. Tan diferentes, tan iguales. Mi gente, aunque no los conozca.

Desde que decidí enfocarme en lo simple, en los detalles sencillos, pero cargados de significado, en estar más despierta a lo que pasa a mi alrededor, pues... soy mas feliz. Veo a Dios en todas partes. No a un ser lejano, sino a uno presente, que se pasa de creativo y que llama mi atención con cosas como las que mas arriba escribo, para decirme que me ama. 

Sonrío con mucha frecuencia, de una satisfacción que antes no sentía (ojalá pudieran ver mi cara ahora mismo). Es una satisfacción que llega cuando te encuentras con la esencia, con lo que te hace saltar el corazón y sentir que el tiempo no pasa, o que pasa muy rápido, una satisfacción que te arregla la vida... o te la alborota, quien sabe.

A veces me veo como esa silla vacía que esta frente al mar, quieta ante la belleza frente a mis ojos, viendo pasar mucha gente, algunos con la cabeza hacia abajo, otros mirando lo mismo que yo, otros mirándome a mí, algunos corriendo, otros caminando. Algunos se sentarán, pasaremos un buen rato y luego se irán. Otros, me verán de lejos y seguirán, y yo... disfrutaré y entenderé que sus sentadas y paradas o sus miradas lejanas, son parte del paisaje, y seguiré pensando que esa gente, es mi gente.

Por tanto tiempo me sentí sola y que no pertenecía a ningún lado, me aislaba bajo la excusa de no ser parte, para entonces darme cuenta que eso me hacía estar más sola. En realidad, yo misma me estaba haciendo eso, yo y mis elecciones, yo y mis miedos. Pero entonces entendí por fin, que tengo el compromiso de ser quien debo ser, porque de no hacerlo yo, nadie lo hará.

Y entendí lo que por tanto tiempo quise ignorar: que la gente es parte de quién soy. Que todos tienen mucho que darme, que junto a ellos crezco, descubro cosas de mí que no sabía. Así que la gente no me completa, porque ya todos lo estamos (aunque no nos parezca), la gente me ayuda a entender quién estoy llamada a ser.  

Esta es una de mis extrañas maneras de gritarles: DESPIERTEN!

Se puede vivir mejor. Soy de las que creen que la felicidad es una consecuencia de nuestras acciones, no una cosa que se alcanza, sino que te llega. Te llega practicando el arte de saborear las cosas, de hacer todos los días algo que te haga sentir un poco mejor. Nada complicado. Estoy hablando de un café y saborearlo cerrando los ojos, o de un par de páginas de ese libro que te encanta y que a pesar de que lo leas mil veces ese párrafo te hace sentir invencible, o de escuchar esa canción, o de decir ese algo que tienes atorado en la garganta (sin importar mucho el resultado), o de esa ducha con agua caliente, o ese programa de tv, o ese beso a quien amas, o de simplemente atreverte.

Yo lo estoy haciendo. Estoy intentando atreverme a hacer las cosas que como consecuencia me hacen sentir que sonrío, con la boca, con el corazón, y hasta con mi estómago. Estos escritos son una muestra de que lo estoy intentando, y los invito hacer lo mismo. No sé como terminará esta historia, pero cada palabra está valiendo la pena.

Deben intentarlo. Hablen, salgan, sonrían, digan buenos días, hagan contacto visual, bailen, tomen café, o vino, o agua, coman delicioso, o encuentren delicioso lo que sea que coman, atrévanse, y sobre todo sean.

"Si podemos amar, por qué no hacerlo".

-Sheila Zarzuela




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